¿Se puede adiestrar a un gato?

Los gatos son, por desgracia, esos grandes olvidados cuando hablamos de educación y bienestar animal.

Parece que ellos no pueden aprender igual que lo hace un perro, que no necesitan salir de casa para ser felices, si no que con agua, comida y algo de caricias y juego es suficiente.

¡Nada más lejos de la realidad!

En Diéresis Animal llevamos 12 años ayudando a personas que conviven con gatos a mejorar su convivencia, ya sea porque están en alguna situación problemática que necesitan abordar o simplemente porque quieren formarse para poder ofrecer a sus gatos la mejor calidad de vida posible.

Este 2022, en Diéresis Animal nos hemos propuesto dar más visibilidad a estos maravillosos seres ofreciendo más información relativa a su educación y bienestar, ¡y vamos a empezar ahora mismo!

En este primer artículo vamos a centrarnos en resolver las preguntas más genéricas que suelen tener aquellxs humanxs que conviven con gatos y que están preocupados por su bienestar.

1. ¿Se puede adiestrar a un gato? ¿Existe el adiestramiento de gatos?

La palabra «adiestrar» se refiere a «hacer diestro en algo a un individuo», es decir, enseñar a un individuo (animal o persona) a ejecutar determinados movimientos o habilidades siguiente las órdenes de una persona. El término actual más equivalente sería «entrenar».

Por ejemplo, una pregunta adecuadamente formulada en este sentido sería «¿se puede entrenar/adiestrar a un gato a permanecer quieto cuando se lo pedimos?».

La respuesta es rotundamente SÍ.

En Diéresis Animal trabajamos no solo con especies domésticas como perros y gatos, si no también con animales salvajes que, por una razón u otra, tienen que vivir en cautiverio. Hemos trabajado con especies como puercoespines, ocelotes, tigres, pumas, cebras, avestruces, suricatos, jabalíes… y todos y cada uno de ellos han aprendido conductas concretas como permanecer quieto, sentarse o tocar un botón determinado. Por tanto y a lo que vamos es que confirmamos esta idea no solo desde la teoría, si no desde la práctica profesional directa. Cualquier animal puede aprender conductas concretas si sabemos cómo enseñarle.

Vanesa Carbonell entrenando «target» con puercoespín africano

Pero, desde nuestro punto de vista, esta pregunta estaría mal formulada cuando nos referimos a gatos – o a cualquier animal doméstico -, porque una de las ventajas que se nos ofrece cuando hablamos de éstos es que podemos ir un paso más más allá y hablar de educación, y no únicamente de entrenamiento.

2. ¿Se puede educar a un gato?

Entendemos «educación» como la formación destinada a desarrollar la capacidad intelectual y afectiva de los individuos, de acuerdo a la cultura y normas de convivencia de la sociedad a la que pertenecen.

Si nos llevamos esta definición al mundo animal, entendemos educación como, no solo entrenar ciertos comportamientos para que el animal nos haga caso, si no como dotarle de la capacidad de gestión emocional adecuada para sentirse seguro y cómodo en el mundo en el que le ha tocado vivir.

Por tanto, la educación animal hoy en día se enfoca directamente en el BIENESTAR de los mismos.

Entonces, ¿se puede educar a un gato?

La respuesta es: rotundamente SÍ.

De hecho, no solo se puede si no que, desde nuestro punto de vista, SE DEBE, es decir, es parte de nuestras obligaciones morales como tutorxs.

3. ¿Cómo se educa a un gato?

Ahora que hemos formulado adecuadamente la pregunta y que entendemos a qué nos referimos cuando hablamos de educación, ¡vamos a ver cómo lo hacemos!

Paso 1. Conocer bien a la especie con la que convivo, es decir, su UMWELT

El primer paso para poder ofrecer una buena calidad de vida a nuestro gato es entender qué es exactamente un gato, cómo interpreta la realidad, cómo aprende, qué cosas les gustan a los gatos, qué cosas no, etc.

Para ello, es importante conocer un concepto clave, el UMWELT.

Te dejamos una de nuestras publicaciones en Instagram sobre este concepto que, aunque está explicado para perros, es exactamente igual para gatos.

Los gatos tienen un Umwelt muy diferente al nuestro. Para ellos, cobran especial importancia aspectos como, por ejemplo, las señales químicas a través del marcaje con orina; estímulos que para nosotros los humanos carecen de importancia comunicativa, por poner un ejemplo concreto.

Sin conocer qué estímulos son relevantes para los gatos, cómo interpretan la realidad, etc… va a ser muy difícil – por no decir imposible – poder ofrecer una buena calidad de vida a nuestro gato.

Paso 2. Socialización en gatos

El primer paso «práctico», segundo paso en términos generales, para ofrecer una buena calidad de vida a nuestro gato (o perro, o inserta aquí el nombre del animal que se te ocurra incluido el humano) es asegurarnos de que se sienta seguro en el mundo en el que vive.

Para conseguir ésto tenemos que entender un concepto clave: el periodo de socialización.

No vamos a extendernos demasiado en este artículo sobre qué es el periodo de socialización, para ello disponemos de vídeos en Youtube, pero sí mencionaremos algunos aspectos relevantes para que pueda comprenderse mejor:

– En gatos, el periodo de socialización abarca desde la segunda semana hasta la séptima semana de vida. Sí, es un periodo muy muy breve.

– Es un periodo neurosensible y neuroplástico, es decir, un periodo en el que «el cerebro» del animal está abierto al aprendizaje. Los gatitos en esta etapa no tienen miedo y aprenden del medio en el que viven a través de la conducta exploratoria (que en cristiano sería esa etapa en la que… ¡lo tocan todo!).

– Una vez se cierra ese periodo, la capacidad de aprendizaje del gato cambia. Ya no es tan neuroplástico y el miedo empapa todas las experiencias con estímulos novedosos. La probabilidad de que un gato pierda el miedo a algo a lo que no ha sido adecuadamente expuesto en la etapa de socialización es muy baja, muchas veces, nula.

– Todo lo que el gatito experimente – o no experimente – en esta etapa, dejará una huella indeleble, es decir, de por vida. Si tiene buenas experiencias con otros humanos, de adulto se sentirá seguro entre humanos; si tiene malas experiencias, no se fiará de los humanos. Si se expone adecuadamente a sonidos como los petardos, truenos o gritos, lo más probable es que el día de mañana se sienta cómodo en presencia de esos estímulos; y si no lo hace, lo más probable es que se sienta incómodo y sufra de miedo en esos contextos.

En definitiva, el trabajo en el periodo de socialización es el más importante en la vida de tu gato. Un buen trabajo en esta etapa aumentará la probabilidad de que disfrute de cantidad de experiencias enriquecedoras y por tanto, de una buenísima calidad de vida.

Hay muchísimos aspectos a trabajar en el período de socialización; no solo la exposición a estímulos, si no el aprendizaje de la gestión emocional, el autocontrol, la tolerancia a la frustración, etc. Todas estas experiencias determinarán cómo gestionará las diferentes situaciones cuando sea adulto.

Paso 3. (En construcción)

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